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La pelota

Despacito va lloviendo sobre un lecho bien maltrecho,
donde duerme el niño de carbón.
Con sus dedos sueña en vano una figura, un rostro humano.
La paciencia llega a su esplendor.

Mira el cielo gris,
pero lo escucho dentro de mí.

Dale, volve, juguemos a la pelota.
Yo te espero en la plaza a la misma hora.
Dale, tira, bailemos el tiempo adentro,
No hay momento a donde muera este intento.

Dale volve juguemos a la pelota.
Dale, tira. Bailemos con pistolas.

La mañana arranca ardiendo y mientras va oscureciendo,
la ceniza brota del dolor.
Después lo carga el viento y se lo lleva a otro momento,
total es el niño de carbón.

Viaja en el cielo gris,
pero lo escucho dentro de mí.

Es que se saca las zapas de lona y empieza a patear la bola,
extrañas mañanas que siempre están demás.